Test del Jardín© – El Río

Test del Jardín

En el jardín hay un río. Un hermoso caudal que atraviesa por entero y a lo largo el jardín y se pierde mucho más allá de él. El río cuando pasa frente a las diferentes tribus es percibido de manera bastante distinta por cada una de ellas. Esto se debe a que cada una de las tribus, de la misma forma que tienen unos talentos y dotes particulares, también tienen su particular visión de las cosas con un sello muy característico, que muchas veces no les permite conocer la forma como “ven” o entienden el río las demás tribus.
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ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Responsables, ellos advierten a todos que no se metan y les informan a detalle sobre los posibles riesgos. Podría llenarse de dudas, tornarse ansiosos o lanzarse de cabeza a los rápidos más peligros del río sin pensarlo. Podrían sobre reaccionar y comenzar a ver posibles agresiones o peligros de toda índole en donde no existen. Se aferran a cánones, religiones, cultos, rituales, leyes, grupos o autoridades y se adhieren con todas sus fuerzas a ellas intentando encontrar la seguridad o estabilidad que les permita funcionar mejor en el mundo, o podrían tornarse groseros y agresivos para tratar de sofocar su incertidumbre y demostrarse a sí mismos que siguen pisando tierra firme.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Armónicos estos se dejan flotar y llevar por la corriente sin preguntarse adónde los llevará el río, dejándose mover cual leño a la deriva. Se ponen muy cómodos para descansar sin el menor esfuerzo y así se van dejando morir lentamente, sin apenas darse cuenta de ello y se dicen a sí mismos: ¿Para qué preocuparse? Dejemos que las cosas se solucionen por sí solas. Si algo tiene solución, ¿para qué preocuparse? Si no la tiene, ¿para qué preocuparse? Y la vida sucede sin que ellos participen de ella. Como zombis o sombras van por la vida, sin tomar partido en nada para no entrar en conflictos, propósito que no terminan de lograr pues los conflictos no resueltos los terminan por alcanzar cual bolas de nieve agrandadas.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Eficientes, ellos ponen una presa y comienzan a pedir una cierta cantidad para dejar pasar el agua a las demás tribus. Comienzan a interesarse más por la imagen de la fachada del jardín que por verdaderamente trabajar en el interior del mismo; de esta forma solo atienden la imagen exterior dejando que por dentro los frutos se pudran o no maduren correctamente. No les importa mentir, engañar o disfrazar los frutos para que estos parezcan más grandes, más dulces, más jugosos y apetecibles, así por dentro estén huecos, agrios o podridos. Llegan a perderse tanto en sus labores buscando el reconocimiento de sí mismos y de “su jardín”, tan bello en apariencia, que se llegan a olvidar por entero de que existen espacios interiores y el trabajo que se tiene que realizar en ellos.

Cultivando solo lo exterior se pierden a ellos mismos en la imagen que ven reflejada en el río, en donde se ven mucho más engrandecidos, llegando a desconectarse por completo de su mundo interno. Descuidan las raíces y los nutrientes, interesados como están únicamente en lo externo y en lo superficial.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Divertidos, ellos lanzan un grito de entusiasmo y se tiran al río sin mediar peligro. Piensan que si algo es bueno, más de lo mismo es mucho mejor. Buscan la novedad en todo momento y tratan de escapar de lo cotidiano, de todo aquello que les conecte con los aspectos dolorosos inherentes al crecimiento, la maduración y la responsabilidad. En aras de no sufrir van saltando constantemente de lado en lado pensando que al probar cosas nuevas no sufrirán. Se vuelen hiperactivos y superficiales. Conocen de todo un poco pero sin profundizar, volviéndose amos del surf saltando de ola en ola. De la misma manera que se tiran al río, salen de él y corren en busca de algo nuevo que no les permita estar en silencio, pues dentro de ellos parecería que bulle un dragón o algo mucho peor en el fondo de esa cueva que pugna por ser escuchado. Pero ellos prefieren hacer oídos sordos y, con ello, van perdiendo acceso a la profundidad de la vida.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Conocedores, ellos se paran en la orilla y se preguntan: ¿Adónde irá? Y pueden perderse en elucubraciones y deducciones, teorías y razonamientos o racionalismos, pudiendo ensimismarse y desconectarse del mundo real, del jardín real. Pueden olvidarse de comer y hasta de vivir… en aras de seguir en su diatriba mental y sus especulaciones.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Fuertes, estos nadan a contracorriente puesto que no hay nadie más fuerte que ellos. Todo lo pueden. Nada se les opone. Ningún maldito río les va a ganar. No perciben sus propios límites, ni tampoco se dan cuenta de su permanente búsqueda de intensidad para sentir que están vivos deviene de la coraza o caparazón que se han creado para defender su vulnerabilidad y sensibilidad; que necesitan experiencias cada vez más fuertes para sentir que tienen vida, a la cual identifican con el poder. Determinados a no dejar que nunca nadie más los pisotee, se cierran y endurecen y se auto lastiman al ir atropellando a los demás. En su aplastamiento del otro, lo que hay es una no-aceptación de su propio niño dolorido. Y, al mismo tiempo, van mutilando su propia humanidad.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Compartidores, éstos bañan a la gente en él y más adelante les da de beber esa misma agua sucia. No se dan cuenta que en su afán por ayudar a los demás, está escondida una pulsión y un deseo recóndito de sentirse necesitados, de que los demás los reconozcan como “ayudadores disponibles“, como “gente que da” y que en ese afán de dar, se pierden a sí mismos. Terminan furiosos y lastimados por no recibir el pago de sus esfuerzos de atender a los demás y comienzan a darse cuenta que en el fondo su “dar” no es desinteresado sino un contrato de compraventa, con un interés oculto de recibir amor y atención. Les cuesta mucho trabajo expresar o pedir lo que necesitan y por ende prefieren seducir y halagar, antes que pedir las cosas de manera directa.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Profundos, ellos lo veneran y se sacrifican a él. El profundo se ahoga en un mar de lágrimas, se pierde en sentimentalismos, en romanticismos y en fugas hacia paraísos imaginarios. Pierde el momento presente y sufre por lo que no hay o por lo que podría haber sido. Su capacidad de apreciar la belleza deviene ahora en una incapacidad para disfrutar lo que hay y viven en una eterna insatisfacción. No se permiten disfrutar todo lo que hay ahora. Piensan que el jardín vecino es más hermoso, profundo y armónico que el propio. Se quedan bloqueados y comienzan a ver todo en tonos grises y negros y se tornan melancólicos y pesimistas. Se sienten a disgusto y malhumorados y piensan que nadie comprende su profundo dolor, que nadie es capaz de entenderlos o de entender su sufrimiento. Llegan a considerar demasiado vulgares o poco sofisticadas y muy superfluas, a las demás tribus.

ornamento1Cuando el río pasa por la tribu de los Seleccionadores, éstos, viendo el río, deciden que está “chueco” y se aprestan a enderezarlo y sufren infructuosamente tratando de llevarlo por el “buen camino“. No se dan cuenta que aquello que les sirve de referencia para considerar lo bueno, lo deseable, lo ético o lo moral, puede ser un corsé muy estrecho que les va llevando de sufrimiento en sufrimiento, buscando una perfección a su propia medida y no permitiéndose vivir, amar y ser amados. La espontaneidad, alegría son reprimidas y resulta muy difícil expresar el afecto o la ternura.

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