La Avaricia (eneatipo 5)

Las Pasiones Capitales
V. La Avaricia

Por Alfonso Colodrón. Ilustraciones: Ana Roldán.

La Misantropía - © Ana Roldán
La Misantropía – © Ana Roldán

En “Afterzen”, un libro de gran agudeza y socarronería, que desmitifica, entre otras muchas cosas, la vida cotidiana de los maestros Zen y sus discípulos, su autor, que pasó muchos años en Japón, al describir a uno de los muchos buscadores espirituales que desfilan por el desgranado de sus vivencias, perfila algunos rasgos atribuidos a las personas cuya pasión capital es la avaricia y que el eneagrama designa como Cinco.

Ben-san es un estadounidense que, tras su vuelta de Japón, sigue practicando Zen en una pequeña pagoda construida por él y perdida en medio del bosque, viviendo como un ermitaño. En el primer piso, sólo unos pocos muebles. El segundo y el tercero están vacíos y sin puertas. Para ganarse la vida, “trabajaba durante parte de los veranos, alojándose en casa de los patrones gratuitamente, ahorrando algunos dólares… Pasaba la primavera, el otoño y el invierno con poca cosa, recluido, rodeado de vida salvaje… Me dijo que pasaba de la gente… nunca demostró tener interés en hacer carrera budista. Sólo quería saber cosas…”.

Cómo ocurre con el resto de las pasiones , el “avaro” de este sistema psicológico y esotérico de conocimiento del alma humana que es el eneagrama no es precisamente el avaro de Moliere ni el mercader de Venecia de Shakespeare. Al eneatipo 5 no le impulsa generalmente el ansia de dinero o riquezas, sino, en todo caso, el anhelo de acumular conocimientos, claves para comprender la existencia, sistemas para entender mentalmente el funcionamiento del mundo y del universo y, de alguna manera, controlarlo protegiéndose así de sus muchos imprevistos.

Pero esta búsqueda del Tótem, de la sociedad perfecta, del Maestro iluminado, de la solución definitiva a los males del mundo, caracteriza sobre todo a uno de los subtipos de este carácter: el “Cinco social“. En realidad, la verdadera pasión del Cinco es la economía de medios: no desperdiciar energía -pues cree que la que tiene es limitada- y por energía entiende tiempo, palabras, sentimientos, movimientos… Prefiere pensar a actuar, prever a arriesgarse, lo conocido a lo sorpresivo. Y todo ello, porque su excesiva sensibilidad y fragilidad emocional le obligó desde pequeño a subir la emoción a la cabeza: pensar le mitigaba el dolor de sentir. Sentir tal vez la ausencia paterna o materna, o su opuesto: la intromisión permanente en su esfera personal de un padre, o de una madre, absorbente y dominante. En muchos casos, quienes desarrollaron este carácter en la infancia tuvieron que crearse un mundo interno y aislarse, para protegerse de la falta de espacio físico y psíquico propio de una familia numerosa o invasiva.

La Misantropía - © Ana RoldánQuizá podría llamársele más que avaro, “observador”. Los Cinco son observadores de la vida. Evitan aglomeraciones y actos sociales y, si se ven obligados a asistir a ellos, intentan pasar desapercibidos, alejarse de los focos, situarse en algún rincón desde donde poder observar y controlar las posibles vías de escape, antes de que alguien pueda agobiarles con sus demandas. Recuerdo a este respecto los hábiles mecanismos, muy bien descritos por uno de mis pacientes, con los que se las había ingeniado durante la adolescencia para no acudir nunca a ningún cumpleaños ni baile con amigos -en su época se llamaban “guateques”- y ni siquiera pisar durante sus cinco años de carrera el bar de la Facultad: hasta tal punto le producía terror la “masa humana”. Según contaba, pasaba por ser parco en gestos y palabras, casi misántropo, pero podía enchufarse a hablar durante horas con algún amigo de confianza, aunque siempre sobre temas objetivos -política, arte, espiritualidad, esoterismo-, pero nunca de sus emociones. Podía aplicársele al pie de la letra varias de las características que, según Claudio Naranjo, caracterizan este rasgo: una paradójica insensibilización frente a la emoción ajena, por su exceso de hipersensibilidad, baja tolerancia al dolor y miedo al rechazo. En el interior de su aparente huraña torre, ocultaba una ternura inofensiva, como si quisiera “caminar sin dañar la hierba que pisa”.

El “observador” puede parecer a veces distraído y absorto en su propio mundo, pero difícilmente se le escapan los detalles que le interesan para mantener todo bajo control. De hecho, suelen paliar su sensación de aislamiento interior creando un mundo de relación mental. Para él, una mirada, un silencio, la simple compañía de alguien, un recuerdo… cobran una dimensión intimista, especial y singular, que pueden llegar a conformar un entramado personal de importantes relaciones subjetivas, aunque el otro, los demás, puedan no llegar a enterarse nunca de lo importante que es su existencia para el Cinco. Y esto, porque tiene una especial capacidad para recrear las situaciones. De hecho, puede vivirlas con más intensidad a posteriori que en el momento en que se están produciendo. Es como si entre la vida y él siempre hubiera una especie de cristal que atenuase las sensaciones físicas y el menor atisbo de sentimiento. Es difícil verle llorar en público. Si se le pregunta cuando es la última vez que lloró en privado, tal vez hayan pasado varios años.

La Misantropía - © Ana RoldánA pesar de que puedan vivir con poco y escatimar el dinero en la propia comida o en la ropa que visten -que les puede durar años-, son capaces de hacer espléndidos regalos, quizá porque les sea más fácil conectar con las necesidades ajenas que con las propias, que suelen minimizar o ignorar. Existen casos famosos, como los multimillonarios Howard Hughes o J. Paul Getty, que no sólo vivían sin lujos, sino que dieron muestras de tener hábitos mezquinos hacia sí mismos, como no tomar nunca un taxi o utilizar siempre para sus llamadas un teléfono público. En el aspecto positivo, por ejemplo, fue asombrosa la capacidad de Emily Dickinson para expresar profundas intuiciones y visiones en sus poemas, con una singular economía de sintaxis y palabras. Podría decirse que la quintaesencia de la “poesía 5” son los “haikus” japoneses: tres versos de cinco y siete sílabas capaces de expresar toda una vida o condensar vivencias universales.

Cuando, en la famosa novela de Herman Hesse inspirada en la vida de Buda, se le pregunta al joven príncipe Sidharta cuando va a pedir trabajo que qué sabe hacer, él da una respuesta muy reveladora de su “rasgo cinco”: “Pensar, ayunar y esperar”. Los Cinco suelen ser buenos consejeros, pues tienen una visión general y objetiva de las cosas, saben escuchar muy bien y pueden mantener la calma en cualquier circunstancia, distanciándose de los remolinos emocionales. Es el tipo de persona que a cualquier político o empresario le puede convenir tener en su equipo, siempre que tenga cuidado en no interferir en su modo de trabajar ni le atosigue con horarios o compromisos y, sobre todo, nunca le exija dar la cara frente al público ni en situaciones conflictivas. Un “observador-avaro” preferirá no desgastarse, no implicarse demasiado en una situación, hacer mutis por el foro, cualquier cosa antes que verse en una situación emocional en que tenga que manifestar desacuerdo o ira. Esto también le lleva a aplazar indefinidamente decisiones importantes y a optar generalmente por la vía que requiere menos desgaste de energía y menos compromiso. Aunque, cuando se compromete, lo hace a fondo, tal vez por lo mucho que tardó en decidirse y haberlo meditado cuidadosamente.

Si a los distintos países puede atribuírsele una pasión dominante (la ira reprimida de la Inglaterra victoriana, la envidia de la España tradicional), la Francia rural podría representar la avaricia, con su predominio de la racionalidad y el cálculo sobre la emotividad, ese individualismo a ultranza tan celoso de preservar su espacio y su vida privada, y la preocupación por acumular para el futuro, sobre todo, no gastando lo que se tiene en el presente.

Es sutil la línea que separa la objetividad y la distancia que proporciona el desarrollo del “testigo interno” en un auténtico buscador espiritual del desapego patológico y del miedo a la verdadera intimidad, a todo lo que huela a implicarse con las miserias y las grandezas de la vida cotidiana del falso “iluminado”. Muchas personas de este rasgo se sentirán atraídas por una vía espiritual con el único deseo de no sufrir, de estar por encima del bien y del mal. Si se dan cuenta de esta trampa, tienen ganado medio camino en el proceso de ampliar la conciencia para conectar con la realidad sin interferencias. El CINCO puede llegar a un alto grado de sabiduría cuando pone su objetividad y capacidad de escucha y análisis al servicio de los demás, sin ocultarse ni refugiarse en el mundo del pensamiento. Cuando puede superar su miedo a que ser querido le va a suponer la pérdida de libertad. Cuando es capaz de mostrarse y de entregarse sin reservas, porque entonces se da cuenta de que la Vida se desgasta, pero también se renueva constantemente y de que todo lo que da lo recibe aumentado con creces.


 

La serie “Pasiones Capitales” es un aporte de Alfonso Colodrón – Terapeuta Gestáltico y Consultor Transpersonal. Las ilustraciones que acompañan a cada eneatipo pertenecen a la muestra Nueve Pasiones” de Ana Roldán, pintora española especializada en el retrato y la acuarela, en cuyo trabajo se fundieron los tres centros vitales: el emocional, el intelectual y el visceral, para representar así, intuitivamente a unos personajes cargados de simbolismo y color, en todas sus facetas espirituales y psicológicas.
© Publicación original de 2005. Los derechos intelectuales de las obras aquí expuestas pertenecen a cada autor. Prohibida su reproducción.

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