La Envidia (eneatipo 4)

De pequeños nos enseñaron que la envidia era “la tristeza del bien ajeno”. Cuando recitábamos las virtudes correspondientes, cantábamos a coro: “contra la envidia, caridad”. El mensaje era claro: había que alegrarse del bien ajeno, aunque uno careciera de él y lo desease con toda el alma.

La vanidad (eneatipo 3)

La más sutil de las vanidades es conseguir que ésta no se vea. Llamar la atención sin que se note demasiado. El velo más común es una apariencia de naturalidad, optimismo y eficacia: como el camaleón, las personas pertenecientes a este rasgo pueden adaptarse a cualquier entorno y triunfar en él.

El orgullo (eneatipo 2)

Los orgullosos del eneagrama no suelen ser conocidos por su orgullo, sino porque van siempre cubriendo las necesidades ajenas, movidas por el ansia de ser reconocidas, de ser queridas, de recibir lo que con tanta generosidad ofrecen sin que nadie se lo pida.

La Ira (eneatipo 1)

El iracundo parte de un cierto nivel de resentimiento, pero no suele ser una persona violenta, sino perfeccionista y obsesiva, apegada a las reglas y a cómo debería ser el mundo. Este artículo es parte de la serie Pasiones Capitales en el Eneagrama.

Pasiones capitales

Pasiones capitales en el Eneagrama. De niños nos enseñaron que eran siete los pecados capitales y que de ellos derivaban todos los demás. Siendo el origen de todos los pecados, eran “mortales” de necesidad, de modo que, si uno se moría sin confesar, aunque hubiera cometido sólo uno de ellos, se iba de patitas al infierno.

Las Nueve Puertas del Eneagrama

¿Cuál es la puerta a través de la cual accedes a tu mundo? De la mano de Cristina Moreno hacemos un recorrido por cada uno de los nueve eneatipos. Con una selección de música envidiable para hacer más ameno el viaje.